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domingo

Dios, Venezuela y el Maná

Leyendo el libro del Éxodo, surgieron estas reflexiones. Porque sí ocurrió antes, nadie puede dudar que vuelva a ocurrir de esa u otra forma. Para Dios, no hay imposibles. acá los extractos de La Biblia que fundamentan esta petición: 

Éxodo 16-12. ”He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Así que habla con ellos y diles que al caer la tarde comerán carne, y que por la mañana se saciarán de pan. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios”.

Éxodo 16-13. Al caer la tarde, una nube de codornices vino y cubrió el campamento; y por la mañana el campamento estaba rodeado de rocío.

Éxodo 16-14. Pero cuando el rocío dejó de caer, sobre la superficie del desierto podía verse una cosa menuda y redonda, tan menuda que parecía escarcha sobre el suelo.

Éxodo 16-15. Cuando los hijos de Israel lo vieron, se preguntaron unos a otros: "¿Qué es esto?" Y es que no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: “Es el pan que el Señor les da para comer”.

Éxodo 16-31. A esto el pueblo de Israel lo llamó “Maná”. Era blanco, parecido a la semilla de culantro, y su sabor era como el de las hojuelas con miel.

Éxodo 16-32. Y Moisés dijo: “El Señor ordena lo siguiente: Llenen con esto una medida de dos litros, y guárdenlo para que los descendientes de ustedes vean el pan que yo les di a comer en el desierto, cuando los saqué de Egipto”.

Nuestra Venezuela sufre ahora el dolor inclemente de no tener harina de trigo suficiente para tener el pan nuestro de cada día. Fallas económicas, políticas y humanistas de quienes son responsables por la compra del trigo, uno de los dones que nuestra hermosa tierra no posee como para alimentarnos, ha creado un caos deficitario para poder hacer el pan y por ende, adquirirlo con la regularidad y tranquilidad que por décadas se tuvo.

Éste dolor se hace profundo en los cristianos y religiones que creen en Dios y su hijo Jesucristo, ya que el pan es parte del cuerpo de Cristo y es el esfuerzo al trabajo que se ve marcada por el sudor de nuestra frente, como Dios signó al expulsar a Adán y Eva del Paraíso.

Dios no les negó el alimento a los israelitas que susurraban, pues entonces tampoco se lo negará a los venezolanos que le imploramos alimento, salud, justicia, igualdad, reconciliación y que los malos ya no puedan ejercer el poder.

Esto no es un ritual mágico, ni una utopía o fantasía, menos ciencia – ficción o algo que surge de la nada para crear un caos o anarquía como daño colateral. El tiempo de Dios es perfecto y va socavando al mal en sus errores y consolando en el dolor a quienes claman justicia.

Las cosas no son exacto como las queremos sino como las meceremos. Porque el ser humano en sus peticiones es a veces anarquista buscando ser práctico. Pidamos el fin, Dios sabe cómo otorgarnos lo debido.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”, dice el Padrenuestro. Pidamos que ese “danos” sea a todos, por quienes creen y por quienes no, por quienes hacen el bien a pesar de su escepticismo o desinterés de trascender en la ayuda.

Si pedimos por todos, tengamos clara la esperanza de que Dios nos otorgue la bendición de reducir en gran parte el volver a oír o leer sobre desnutrición, muerte, enfermedades por hambre y bajas defensas, en niños y adultos.

Porque en el país que estamos y en el que esté cada persona, es la tierra prometida, para desarrollar la vida digna, aunque los que ejercen el poder y lo hacen sólo por ellos y mal para los demás, no quieran.

La factura de ese pan que se nos niega, Dios se las cobrará a los culpables. Por ello, ten tus acciones limpias y el pan que comas y des a los tuyos, será el más sabroso que puedan comer.


Nota: La escasez de harina no sólo afecta al pan sino a las pizzas y hamburguesas y postres. Y para la iglesia católica, las hostias. Por ello, oremos con fe, actuemos con bien y no susurremos objetando a Dios, hablemos con Él desde el corazón para que escuche a su pueblo al cual no dudamos ayudará si está unido.
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