Quien
suscribe, Argenis Serrano, ha estado pasando por instantes que lo han llegado a
deprimir e incluso, para el momento de la redacción de este post, me encuentro
luchando contra aquello que me ha decepcionado y hace sentir débil, desanimado
y sin sentido.
¿Lo
peor?, podría decirse que son nimiedades, simples molinos de viento que veo
como los demonios con los que tengo que luchar. Pero, no hay enemigo pequeño y
sí uno se descuida, todo lo malo se agranda y se transforma en verdaderos
problemas.
Saber lo que deprime y actuar en consecuencia
Digo
el pecado, pero no los detonantes. Y el mío acá ha sido el dejarme abatir,
quizá para luchar contra el conflicto o poder saber qué no he visto entre mis
aciertos y fallos. Para no caer en la arrogancia, dejé que aquello que me
deprime se sumara hasta que explotó. Sólo diré que son cosas banales, pero
incisivas, por decisiones de otros (incontrolables9 y las mías (mea culpa).
Así que
apelé al recuerdo y a aquello que hice ante un fortísimo cuadro depresivo que
tuve en el año 2015, en el cual estuve incluso a punto de suicidarme. Lo primero
fue recordar que, ante cualquier abatimiento, cesar o malograr la vida, empeora
todo para mí y los míos, no soluciona y no me da la oportunidad de vencer,
además de ser pecado.
Y recabé
las 5 frases que son un proceso interno para volver todo a su sitio, no
encasillarme en la tristeza, rabia, frustración y/o alejamiento por aquello que
me deprime y no puedo solucionar y peor aún, aquello que me deprime y sí puedo
/ debo solucionar, porque salió de mí. Acá la expongo y la lego, a quien pueda
interesar.
Combatir lo que me Deprime
FE: Creer en Dios, en la
Virgen, en los ángeles y santos. En fuerzas que esperan y desean bienestar para
mí y que fluya de mí. Fe en lo que hago, quien soy y que puedo estar por encima
del mal, haciendo el bien.
PAZ: Si no he granjeado
enemigos, no tengo culpa de los molinos de viento de otros; sé que los míos son
eso, figuras inventadas por mí tristeza y ganas de tener conflictos para
sazonar el tedio. Teniendo paz y buscando cosas edificantes, alejarme de lo que
me estresa y no proponiendo ni deseando lo que no es mi decisión, obtengo calma
y cordura.
FUERZA: Hay que ser más
fuerte que las sensaciones, las emociones negativas y saber canalizar las
positivas. No dejarme achicopalar ni envanecer, ya que ambos extremos se tocan
y resultan debilidad de carácter, criterio y retumban en lo físico.
SALUD: Si yo no me cuido,
¿Quién me cuidará?; Si yo no me cuido, ¿Cómo pretendo ayudar a los demás?; la
calidad de vida es mí responsabilidad y el profesarla y auparla, todo un deber
que se premia con ver a los demás sanos y prósperos, así como cuando me veo en
el espejo.
NOBLEZA: Aquello que me
deprime es banal y debo ser noble y reconocer lo pueril que es, para poder
desvanecerlo. Si fuese que algo me deprime por ser tan incisivo que mi mente,
alma, cuerpo y corazón no lo pueden dominar, debo ser noble y pedir ayuda. La sinceridad
y el no sobrecargar a los demás, pero actuando para solucionar, son actos
lógicos y nobles que sí bien parecen normales, el orgullo y la incredulidad
(forzada), retienen y hacen que se comentar errores de ego y omisión.
Esta etapa que me deprime
Me ha
enseñado que también puedo estar tranquilo y confrontarla sin agobio; así he
atenuado la tristeza y desazón, pudiendo llevar mi vida casi que normal. Porque
así como las lágrimas son amargas sí uno así las sazona, también pueden ser
dulces sí las condimentas con sanas emociones.
Y,
claramente, con el favor de Dios, saldré de esto que me deprime como he saldo
siempre. Con Él, hasta en los momentos álgidos, se cuenta y uno se salva para
mejorar.
Espero
poder ser buen ejemplo y ayuda, ya que divulgar lo que subsana, es apoyar a
quien lo necesita. Que nuestras emociones no nos gobiernen, sino que convivan
con nosotros en sano equilibrio.
