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5 Comentarios Sobre la Renuncia de Benedicto XVI


Cinco comentarios prudentes para no especular.

La dimisión de Benedicto XVI es ciertamente sorpresiva, pero hay que pensar que está en todo su derecho y que esta decisión, como todo lo que él hace, fue tomada con la intención de servir mejor a Dios y a la humanidad y con toda la capacidad analítica del hombre más brillante del mundo. Nosotros no lo alcanzamos a percibir, pero seguramente fue una decisión conveniente para todos.

1. Juan Pablo II, cuando se sintió cansado y enfermo, siguió adelante, “sin bajarse de la cruz”. Benedicto XVI, en cambio, ha decidido retirarse y dejar el lugar a otro físicamente más capaz. No se debe comparar una decisión con otra. Las circunstancias son diferentes. Yo estoy seguro de que las dos fueron bien intencionadas y las dos fueron inspiradas por el Espíritu Santo. Tal vez Benedicto XVI ha notado que en el momento actual la presencia física del Santo Padre es muy importante, y el ya se siente incapaz de cumplir con ese requisito, aunque intelectual y espiritualmente su presencia sigue siendo insuperable. Es la perspectiva de un hombre que sabe mucho más que nosotros y tiene mucha más capacidad de análisis.

2. No se debe jamás temer que la falta de un Papa vaya a traer problemas o a significar un detrimento para la Iglesia. Dios siempre manda el Papa que se necesita en ese momento. Yo creo que hasta los Papas que consideramos más malos, tal vez por su conducta personal o por falta de capacidad, han sido el Papa que se necesitaba en ese momento y sus decisiones fueron las que la Iglesia necesitaba en ese momento. Nadie pensó que Juan Pablo II pudiera ser remplazable y, sin embargo, Benedicto XVI llenó el hueco perfectamente. 
Hay que considerar que lo que hace bueno a un Papa no es su personalidad o su capacidad, sino la inspiración de Dios que Jesús prometió a Pedro. Un hombre tan carismático como Juan Pablo II o tanta inteligente como Benedicto XVI no habrían sido lo que fueron si no hubiera sido por la inspiración de Dios. El Papa que venga después, seguramente no será tan carismático como Juan Pablo II ni tan inteligente y tan buen teólogo como Benedicto, pero seguramente será, una vez más, el hombre que Dios necesita en este momento.

3. Juan Pablo II nos dio un ejemplo de valor al seguir adelante a pesar de su debilidad. Benedicto XVI nos da un ejemplo de humildad, tan importante para el mundo actual como lo es el valor. Cada uno aportó un buen ejemplo, seguramente el que más necesitaba el mundo.

4. Entre los enemigos de Dios ya empezaron a surgir los comentarios estúpidos: que si Benedicto estaba demasiado sometido a presiones, que si su papado fue un fracaso, que si el número de católicos ha descendido notablemente en los últimos tiempos, que si fue presionado por una mafia dentro del Vaticano… Todos esos sin, ni más ni menos, inventos del enemigo. Simplemente, sobre el mencionado descenso en el número de católicos, si se checan estadísticas serias, se encontrará que es nada menos que un embuste, una patraña. El número de católicos se ha mantenido aproximadamente igual en los últimos años, y las presentaciones en público de Benedicto XVI en público, incluyendo sus “Ángelus”, sus audiencias, etc… siempre han tenido tanto público como las de Juan Pablo II e incluso más.

5. Ya andarán los lenguas largas de esta entrañable sociedad liberal laica buscando pelos en la sopa para atacar a Benedicto y/o a la Iglesia, pero nosotros no debemos abrigar otro sentimiento que la gratitud y Benedicto por su maravillosa entrega y a Dios por habérnoslo dado.

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